Obsolescencia programada (1/4)

¿Qué es y por qué debería importarnos?

El momento de la bombilla

¿Cuándo fue la última vez que cambiaste una bombilla en tu casa? ¿Sabías que existe una bombilla que nunca se apaga? La bombilla centenaria de Livermore, California, ha estado encendida y funcionando durante 120 años (a fecha de junio de 2019), con la excepción de unos pocos días. Incluso se puede ver en vivo y en directo a través de webcam aquí.

Entonces, ¿por qué la bombilla doméstica estándar dura sólo 1.000 horas?

Debido a la obsolescencia planeada. Porque en diciembre de 1924 un grupo de empresarios fundó el Cartel de Phoebus, «un organismo supervisor que esculpiría el mercado mundial de bombillas incandescentes» (Krajewski, 2014).

Lightbulb – Foto de Burak K de Pexels

«El control del cártel en el mercado de las bombillas sólo duró hasta la década de 1930. Su legado, mucho más duradero, fue diseñar una vida útil más corta para la bombilla incandescente. A principios de 1925, esto se decidió en 1.000 horas para una bombilla doméstica en forma de pera, una importante reducción de las 1.500 a 2.000 horas que antes habían sido comunes. Los miembros del cártel justificaron este enfoque como una compensación: sus bombillas eran de mayor calidad, más eficientes y más brillantes que otras bombillas. También costaban mucho más. De hecho, todas las pruebas apuntan a que el cártel estaba motivado por los beneficios y el aumento de las ventas, no por lo que era mejor para el consumidor. Al fabricar cuidadosamente una bombilla con una vida relativamente corta, el cártel eclosionó así la estrategia industrial ahora conocida como obsolescencia programada».

Krajewski, 2014

¿Que es la obsolescencia programada?

La obsolescencia programada es la práctica, principalmente llevada a cabo por grandes empresas, de fabricar productos que están diseñados para fallar en un momento predeterminado – en lugar de ser diseñados para durar – con el resultado de que estamos llenando el planeta de residuos y basura.

‘Brown Garbage’ – Foto de Emmet de Pexels

¿Hay más de un tipo de obsolescencia programada?

Hay varias subcategorías de obsolescencia programada, pero las tres principales son diseño, reparabilidad y estética.

  1. La obsolescencia de diseño es cuando un producto está diseñado específicamente para fallar tras un período de tiempo determinado por los fabricantes.
  2. La obsolescencia de reparación también es una característica del diseño del producto (como arriba), pero en los elementos del diseño que hacen que un producto sea casi imposible de ser reparado por el usuari@ (¿alguna vez has intentado reparar un producto de Apple? Es prácticamente imposible. ¿Por qué? Porque utilizan tornillos y herramientas a juego patentadas – ¡y eso es sólo para abrir sus productos!).
  3. La obsolescencia estética ocurre cuando una empresa lanza un modelo más brillante, más nuevo, más elegante, más pequeño o más rápido de un producto ya existente y perfectamente funcional, manipulando así a l@s consumidor@s para que piensen que necesitan el más brillante, más nuevo, etc…

Un par de ejemplos: obsolescencia programada y tecnología

Los teléfonos son uno de los mejores ejemplos de obsolescencia programada y una de las principales áreas en las que la mayoría de l@s usuari@s son más o menos conscientes de que este problema pueda existir. De hecho, la obsolescencia programada está muy extendida entre casi todas las industrias de productos que se te puedan ocurrir.

Apple y Samsung han sido multados en el pasado por la innecesaria obsolescencia programada de sus productos. Apple también es culpable de llevar a cabo una práctica llamada limitación – lanzar actualizaciones que, en lugar de mejorar la usabilidad y la vida útil de los productos, están específicamente orientadas a ralentizarla, lo que obliga a l@s usuari@s a sustituir el modelo actual por uno más nuevo y mejor.

Apple ha vendido más de mil millones de iPhones desde el lanzamiento del producto en 2007. (Buck, 2017)

‘Assorted iPhone Lot’ – Freytez, G from Pexels

¿Por qué se llama obsolescencia programada?

El término obsolescencia programada fue acuñado por el agente inmobiliario estadounidense Bernard London en su folleto de 1932 titulado «Ending the Depression Through Planned Obsolescence» (Acabar con la crisis a través de la obsolescencia programada). Su plan era que el gobierno pusiera un sello en los productos que certificase la vida útil legal de estos, obligando así a los consumidores a desechar sus antiguos productos obsoletos y a actualizarlos por otros nuevos. Y funcionó. La mayoría de nuestros electrodomésticos de cocina aún vienen con una fecha recomendada de fin de vida útil. Y todavía se nos recomienda cambiar nuestros colchones cada ocho años.

¿De quién es la culpa?

Sería fácil echar toda la culpa de la obsolescencia programada a las grandes corporaciones, pero lo cierto es que l@s consumidor@s también tenemos cierta responsabilidad. La obsolescencia estética, por ejemplo, es casi enteramente culpa de l@s consumidor@s. Claro, las grandes empresas tienen grandes departamentos de marketing dedicados por completo a convencernos de que estaremos mejor y seremos más felices si compramos el modelo más nuevo y bonito.

Pero, ¿con qué frecuencia nos detenemos a considerar lo que realmente necesitamos. ¿Qué es una necesidad para nosotr@s, el privilegiad@ consumid@r occidental, que tiene todo al alcance de su mano?

Las corporaciones pueden tener departamentos de marketing, pero si nos detenemos a considerar nuestras necesidades, pronto nos daremos cuenta de que un teléfono móvil más brillante no es una necesidad. Sin embargo, se podría defender que en nuestra sociedad actual, un smartphone que funcione es, ciertamente, una necesidad. Tal vez necesites uno para trabajar, o para mantenerte en contacto con la familia,  ¿pero de verdad necesitas el más nuevo? ¿El de color rosa dorado?

Exigimos progreso y mejora constante y lo queremos ahora, sin detenernos a considerar lo que podría estar en juego. Nuestros valiosos recursos, espacios naturales, aire limpio y tierra libre de toxinas… todo está amenazado por los estragos que causa nuestro consumismo y, por extensión, la obsolescencia programada. Los coches desguazados se están acumulando en todo el mundo, los desechos electrónicos están filtrando sustancias químicas tóxicas en el suelo y la industria de la moda está quemando ropa completamente intacta y sin usar.

‘Birds Eye View of Landfill During Daytime’ – Foto de Tom Fisk de Pexels

Obsolescencia Programada necesaria

Es importante mencionar que no todas las formas de obsolescencia son innecesarias. Dependiendo de tus ideales, puede que no estés de acuerdo, pero desde nuestra perspectiva, si algunas formas de obsolescencia programada dejasen de existir, muchas áreas de las industrias tecnológicas se volverían caóticas y su progreso se estancaría.

Y a veces, la actualización es realmente una gran mejora en el modelo actual.

Uno de los primeros ejemplos de obsolescencia de producto fue la introducción del motor de arranque electrónico para automóviles. No era nada raro que las asas de la manivela del motor de arranque antiguo causaran brazos rotos debido al movimiento que producía el motor al arrancar, por lo que se volvieron, comprensiblemente, obsoletos de forma casi inmediata. Es difícil argumentar que este avance fue negativo.

La obsolescencia programada es sólo una de las muchas áreas en las que la humanidad necesita esforzarse por conseguir un equilibrio.

No toda la obsolescencia programada es mala. Ninguna persona, grupo de personas o empresas tiene toda la culpa de ello o sus repercusiones. Es el resultado del crecimiento de una sociedad e industria que hemos ido construyendo. Y ahora tenemos que lidiar con ello.

¿Tienes curiosidad por saber cómo hemos llegado hasta aquí, por qué nuestra sociedad se volvió consumista y qué hay en nuestra psicología que hace que el marketing de productos funcione tan bien? Lee los siguientes artículos en los que intentaremos responder a esas y algunas preguntas más!

Bibliografía y referencias

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Autora: Anna Kommers
Traducción del inglés al español: Anna Kommers y Estefanía Lozano