La otra cara del transporte marítimo. Parte 1

Cómo opera y cuáles son sus víctimas humanas y animales

Casi tres cuartas partes de la tierra están cubiertas por agua, de las cuales, el 97% corresponde a mares y océanos. Si estás leyendo esto, probablemente eres consciente de que la industria pesquera es la principal fuente de los residuos plásticos que contaminan mares y océanos (en su mayor parte, redes y otros utensilios de pesca descartados que actualmente cubren grandes extensiones del suelo marino y continúan atrayendo y atrapando a animales de todo tipo). Probablemente sabes también que esta industria es la causante de la sobreexplotación y destrucción de prácticamente el 90% de especies marinas. Apostar por una dieta vegana supone rechazar esta barbarie y contribuir a su eventual y necesaria desaparición.

Sin embargo, los barcos pesqueros y de arrastre no son los únicos agentes de gran impacto en los ecosistemas marítimos. Además de la pesquera, existe una industria mucho más insidiosa por lo omnipresente y sin embargo invisible que resulta para la mayoría de nosotrxs. Nos referimos a la industria del transporte marítimo, que gracias al desarrollo de los buques de carga y los contenedores de almacenamiento, ha revolucionado la manera en la que producimos y consumimos a nivel global desde los años 60. 

Cada día, más de 60 mil embarcaciones recorren los océanos trasladando cientos de miles de contenedores de un punto a otro del planeta. Toda la tecnología, comida, ropa y prácticamente cualquier bien de consumo en el que podamos pensar, ha llegado a nuestras manos transportado a bordo de una de esas pantagruélicas embarcaciones. 

El transporte marítimo cuesta sólo un 2% de lo que cuesta el transporte aéreo, lo que convierte a esta industria en la columna vertebral de nuestra economía actual, basada en la importación y la exportación. El bajo coste del transporte por mar ha transformado el mundo en una gran fábrica, permitiendo y favoreciendo prácticas que desafían la lógica. Por ejemplo, económicamente hablando tiene más sentido enviar bacalao escocés para ser fileteado en China y volver a mandarlo de vuelta para venderlo en supermercados escoceses, que pagar a empleados del propio país para que lo hagan [1]. De igual manera, aunque la chaqueta que lleves puesta indique un único lugar de facturación en la etiqueta, la realidad es que cada componente ha recorrido miles de kilómetros y ha sido producido, confeccionado y ensamblado en una parte diferente del mundo. Y así con todo.

La escritora y periodista Rose George da cuenta de ello en su libro “El 90% de todo”, en donde pretende abrirnos los ojos ante la realidad de una industria que mueve el mundo y, sin embargo, acerca de la cual hay un desconocimiento prácticamente total. Las razones de esta “ceguera marítima”, como se le conoce, tienen mucho que ver con la inmensa cantidad de superficie terrestre que ocupan los océanos y que mencionábamos al inicio; en alta mar, nadie salvo la tripulación y el capitán puede saber con certeza lo que ocurre y no hay exactamente una autoridad que controle lo que ahí sucede. 

puerto maritimo transporte de mercancias

El transporte marítimo es uno de los negocios más lucrativos del mundo y una de las principales causas de contaminación y explotación de mano de obra en los países en desarrollo. Unas pocas macroempresas (Maersk, COSCO, MSC) controlan casi el total de las exportaciones marítimas, facturando millones en el proceso, y son tan poderosas a nivel global que tienen una gran capacidad de influencia y presión en los gobiernos y en la economía mundial, sin que mucha gente sepa quién está detrás. De hecho, la existencia de numerosas áreas grises en lo que a legislación marítima se refiere, favorece prácticas de dudosa moralidad, fomentando la desigualdad y la explotación tanto de los trabajadores como del entorno. 

Una de estas prácticas es la utilización de las llamadas “banderas de conveniencia”. Países como Panamá, Liberia o las islas Marshall venden sus banderas a cargueros de todo el mundo, de manera que, en alta mar, deben regirse por las leyes de dichas banderas. Para registrar tu embarcación con una de estas banderas no es necesario ser ciudadano de esa nación ni tener ningún vínculo real con ella, lo que convierte esta práctica en una forma totalmente legal de evitar las normativas y regulaciones más estrictas de otros países en temas como mantenimiento, revisiones, salarios mínimos, seguridad e impuestos a pagar. 

Se estima que unos 2.000 marineros mueren en alta mar cada año mientras trabajan en buques de carga. Tragedias que rara vez ocupan las portadas de los periódicos.

Transporte de animales vivos

Otro de los grandes problemas poco comentados del transporte marítimo es que, debido a su bajo coste, es utilizado habitualmente para transportar todo tipo de animales vivos destinados al comercio y consumo en otros países. Hace cosa de un año, cuando el mundo estaba pendiente del atasco provocado en el canal de Suez por un barco cargado de contenedores, el buque Eibek atracaba en la costa de Cartagena después de meses vagando por el mediterráneo [2] incapaz de descargar su “mercancía” en sus puertos de destino por una supuesta enfermedad presente en el ganado que transportaba. Las condiciones en las que se encontraron estos terneros son indescriptibles; enfermos y moribundos, consumidos por infecciones y falta de agua. 

Tristemente, el caso del Eibek dista mucho de ser algo aislado; cientos de miles de animales sufren situaciones similares de hacinamiento, suciedad, calor, humedad y falta de comida y agua, durante estas largas travesías por mar. Aunque las estadísticas no son concluyentes debido al secretismo que rodea todo lo concerniente al transporte marítimo y es únicamente cuando ocurren tragedias como la del Eibek o buques como el Al Messilah o el Al Shuwaik que datos numéricos salen a la luz, las víctimas se cuentan por miles. Muchos de estos animales sucumben al estrés y la claustrofobia, y prácticamente se cuecen vivos en las altas temperaturas que alcanzan las bodegas de los barcos. 

barco transporte maritimo con contenedores

La crueldad de transportar animales vivos por ultramar sólo se entiende aplicando una lógica de mercado que prima el beneficio económico por encima de cualquier otra consideración, y para quien las muertes y el sufrimiento de miles no tiene importancia alguna mientras las ganancias económicas sigan superando a las pérdidas. 

Numerosas asociaciones por los derechos de los animales han denunciado activamente esta práctica [3], tratando de prohibir la exportación de animales vivos fuera de la UE.

Coste humano del transporte marítimo

Del mismo modo que solo recibimos noticias respecto a las víctimas animales cuando ocurre alguna catástrofe cerca de la costa, más de dos barcos por semana son engullidos por el océano o desaparecen sin dejar rastro. Se estima que unos 2.000 marineros mueren en alta mar cada año [4]. Estas tragedias rara vez aparecen en la portada de ningún periódico o inflaman la opinión pública hasta el punto de exigir reformas y controles de seguridad para impedir que algo así siga sucediendo. 

En la mayoría de las ocasiones, estos buques de transporte, cargados con cientos de miles de toneladas en forma de contenedores y de tamaños descomunales, cuentan con una tripulación de apenas 20 personas. Esto generalmente se traduce en turnos interminables, trabajo extenuante, pocas horas de sueño y peligro mortal cuando las condiciones atmosféricas no son favorables. 

En el documental Freightened [5] se muestran las condiciones en las que trabajan estos marineros, el aislamiento que sufren, sin posibilidad de contactar con sus familias ni nadie del exterior, encerrados en un espacio que recuerda a una prisión e incapaces de abandonar el barco durante meses. En ocasiones parecen atrapados en un espacio liminar entre la vida y la muerte. No solo eso, sino que los accidentes laborales mortales son diez veces más habituales en el mar que en trabajos en tierra firme.

Los marineros están a merced de los elementos y no es fácil exigir justicia cuando los accidentes se producen. No existe un sindicato al que acudir o una autoridad directa a la que reportar el incidente. Cuando existen tantos subterfugios que protegen y desvían la identidad del barco bajo banderas de conveniencia, se crean zonas grises que impiden aplicar ciertas leyes o registros y, por tanto, proteger a los trabajadores se vuelve una tarea imposible, generando situaciones de esclavitud moderna y obligándoles a correr grandes riesgos sin ningún tipo de garantía. 

Estas son algunas de las consecuencias más directas de la industria del transporte marítimo, pero hay que tener en cuenta que, además de estas prácticas que rozan los límites de la legalidad en busca del mayor beneficio económico y que, como hemos visto, tienen muy poco de moral, esta industria juega un papel nada desdeñable en la destrucción de ecosistemas marinos y es una de las principales contribuyentes de la contaminación atmosférica y climática, tal y como explicaremos en la segunda parte del artículo.

Bibliografía citada:

[1] https://www.nytimes.com/2013/10/17/books/ninety-percent-of-everything-by-rose-george.html

[2] https://www.eldiario.es/murcia/medio_ambiente/deriva-sacrificio-1-800-terneros-eibeik-cartagena-levanta-criticas-europa-sorprendente-todavia-haya-animales-vivos_1_7354531.html

[3] https://www.eldiario.es/murcia/medio_ambiente/deriva-sacrificio-1-800-terneros-eibeik-cartagena-levanta-criticas-europa-sorprendente-todavia-haya-animales-vivos_1_7354531.html

[4] https://www.theguardian.com/world/2015/jan/10/shipping-disasters-we-never-hear-about#:~:text=nature%20of%20shipping.-,The%20ocean%20is%20the%20most%20dangerous%20workplace%20on%20the%20planet,2%2C000%20seafarers%20lose%20their%20lives.

[5] https://www.freightened.com/wp-content/uploads/2016/05/FREIGHTENED_presskit_spanish.pdf